Aunque todos se empeñen en decir lo contrario, la vida en Brooklyn pasa muy rápido. Justo hoy, horá un año que dormimos por primera vez en El Molino y hará más de uno que cargué 8 años de mi vida en un coche y partí hacia Brooklyn a empezar una nueva.
Este hecho merecía como no podía ser de otro modo, de una celebración. El sábado fue la noche elegida (si invitas a los festejos a una botella de Moet Chandon mas te vale que al día siguiente no tengas que madrugar) y como no podía ser de otro modo fue tal y como lo habría sido en mis mejores sueños.
No hubo ni restaurantes caros, ni ropa de gala con su correspondiente "perfumación", ni brillantes o avalorios varios. Esta fue nuestra celebración.
La primera vez que cenamos en El Molino, el menú estuvo basado en una hamburguesa con agua y fanta de naranja. Aún no vivíamos bajo este techo, los muebles esperaban aún a ser desembalados y las paredes a ser vestidas (curioso comentario cuando la mayor parte de ellas aún siguen así). Para la celebración de nuestro "Feliz Primer año bajo el mismo Techo", Pepe preparó el salón como esa primera noche: muebles tapados, luz sin dar de alta y una hamburguesa sobre la toalla azul de playa de nivea.
Incluimos eso sí vino, pate ibérico del "gueno" y champan (por cierto que tampoco pudimos resistirnos a incarle el diente a la primera tableta de turrón de chocoloate "Shuchard")
Es curioso cómo compartir da independcia, como meter tus vivencias en el maletero y "regresar" te hace más libre y te presenta cientos de posibilidades.
ResponderEliminarMe hace muy feliz verte disfrutar de tu nueva vida, observar cómo vas creciendo por dentro y por fuera.
Te quiero, Prima.
¡¡Muchas felicidades!!